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Sagas inconclusas: la trampa del juego que nunca terminaremos pero que seguimos amando

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Sagas inconclusas: la trampa del juego que nunca terminaremos pero que seguimos amando

Hay una conversación que cualquier gamer español ha tenido al menos una vez. Alguien menciona una saga legendaria —da igual si es The Witcher, Final Fantasy, Dark Souls o Mass Effect— y tú asientes con entusiasmo, dices que es increíble, que la tienes en la lista, que la empezaste hace tiempo... y en algún momento de la charla te das cuenta de que llevas dos años sin tocarla. El juego sigue ahí, pausado en el capítulo tres, esperándote como un perro fiel que ya no espera que vuelvas a casa.

Este fenómeno no es exclusivo de España, claro, pero aquí tiene sus propios matices culturales y sus propias excusas de temporada. Y lo curioso es que no hablamos de juegos que nos parecen malos. Hablamos de sagas que amamos. Entonces, ¿qué narices pasa?

El peso aplastante de las expectativas

Cuando una saga lleva años construyendo su reputación, cada nueva entrega carga con el peso de todo lo anterior. Los fans españoles somos muy de hablar de videojuegos como si fueran experiencias casi religiosas. "Ico me cambió la vida", "Shadow of the Colossus es arte puro", "Red Dead Redemption 2 es lo más cerca que he estado de llorar frente a una pantalla". Y todo eso está muy bien, pero crea una presión brutal sobre cualquier continuación.

Cuando por fin se anuncia la tercera parte de algo que consideramos sagrado, empezamos a construir expectativas mentales tan elaboradas que ningún estudio del mundo podría cumplirlas. Y cuando el juego sale y es simplemente bueno —no perfecto, sino bueno— hay una sensación difusa de decepción que nos cuesta procesar. En vez de disfrutarlo por lo que es, lo medimos contra lo que imaginamos que debería ser. Y ahí empieza el abandono silencioso.

El síndrome de la biblioteca acumulada

Otro factor que nos destruye como comunidad gamer es la acumulación compulsiva de títulos. Las ofertas de Steam, los juegos del PlayStation Plus, los bundles de Humble Bundle que compramos con toda la intención del mundo... El resultado es una biblioteca de cientos de títulos donde las sagas compiten por nuestra atención con la misma ferocidad que las series de Netflix.

En España, donde el tiempo libre está muy condicionado por la cultura del ocio social —quedadas, fútbol, salir a tomar algo—, los videojuegos largos sufren especialmente. Una saga de rol que exige ochenta horas para completarse no tiene las mismas posibilidades que una tarde de Rocket League con los amigos. Y cuando volvemos a esa saga después de tres semanas de pausa, hemos olvidado la mitad de la trama y nos da pereza retomar el hilo.

Los tiempos de desarrollo y la paciencia que no tenemos

Hay sagas que directamente nos pierden por culpa de sus propios ciclos de producción. Half-Life es el ejemplo más extremo —y más doloroso— pero hay otros más cercanos. Kingdom Hearts se convirtió en un laberinto narrativo tan complejo que muchos jugadores españoles simplemente se bajaron del tren antes de llegar a la tercera entrega principal. The Elder Scrolls lleva más de una década sin una entrega numerada. Hollow Knight: Silksong se ha convertido en un meme de la espera eterna.

Cuando pasan cinco o seis años entre entregas, la conexión emocional con una saga se enfría. No es que hayamos dejado de quererla; es que la vida sigue y aparecen otras cosas que nos emocionan. Y cuando por fin llega la continuación, hay que hacer un esfuerzo consciente para reconectar con algo que sentimos lejano. Muchos no lo hacen.

El perfeccionismo del "lo jugaré cuando tenga tiempo de verdad"

Esta es quizás la trampa más española de todas. Tenemos una relación muy particular con la idea de hacer las cosas bien o no hacerlas. Hay jugadores que llevan años esperando el momento perfecto para empezar Baldur's Gate 3: cuando tengan un puente largo, cuando acaben los exámenes, cuando lleguen las vacaciones. El problema es que ese momento perfecto rara vez existe, y mientras tanto el juego envejece en la biblioteca.

Este perfeccionismo también se aplica dentro de los propios juegos. Cuántos de vosotros habéis reiniciado una partida de Dragon Age o de Divinity: Original Sin porque sentíais que habíais tomado decisiones equivocadas al principio y no queríais seguir con un personaje "mal construido". Ese reinicio infinito es una forma de abandono disfrazado de exigencia.

El rol de la comunidad y el FOMO al revés

La comunidad gamer española tiene una dinámica curiosa con las sagas. Cuando todo el mundo está jugando algo, hay una presión social para estar al día. Pero cuando ese hype inicial pasa, retomar el juego meses después puede sentirse casi raro, como llegar tarde a una fiesta que ya terminó.

Los spoilers son otro factor demoledor. Si no terminaste The Last of Us Part II antes de que internet explotara con debates sobre su historia, probablemente ya sabes más de lo que querías. Y conocer el destino de los personajes antes de llegar tú mismo a ese punto quita mucha motivación para continuar.

¿Tiene solución esto?

Honestamente, en parte no. La industria del videojuego produce contenido a una velocidad que ningún jugador casual puede seguir, y el tiempo libre no se estira por mucho que queramos. Pero hay algunas cosas que podemos hacer.

Primero, quitarnos la presión de completarlo todo. Un juego no tiene que terminarse para haber valido la pena. Si The Witcher 3 te dio cuarenta horas de disfrute antes de que la vida se interpusiera, eso ya es un regalo enorme. Segundo, ser más selectivos con lo que empezamos. Comprar cada oferta de Steam es una trampa psicológica que nos genera más ansiedad que alegría. Y tercero, aceptar que las sagas cambian, que nosotros cambiamos, y que a veces lo que amamos de una franquicia era un momento específico de nuestra vida que no se puede recuperar.

Quizás la maldición del juego perfecto no tiene tanto que ver con los juegos como con nosotros mismos. Con esa versión idealizada de lo que creemos que debería ser la experiencia. Y mientras seguimos buscando esa perfección, hay sagas enteras esperando a que les demos una oportunidad real.

Así que ya sabes. Abre esa partida guardada. No tiene que ser perfecta. Solo tiene que ser tuya.

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