Bienvenido sea al pueblo, forastero: un homenaje a las traducciones de videojuegos que daban vergüenza ajena
Photo: Ominae, CC BY-SA 4.0, via Wikimedia Commons
Hay una generación entera de jugadores españoles que aprendió inglés, en parte, porque las traducciones de los videojuegos eran un campo de minas. Y no es una hipérbole: hubo una época en la que comprar un juego 'traducido' era una apuesta, y no siempre salías ganando. Hoy la localización es una industria seria con profesionales formados, pero conviene recordar de dónde venimos para valorar dónde estamos.
La era de la traducción automática (o eso parecía)
Los casos más sangrantes llegaron en los noventa y primeros 2000, cuando las editoras españolas, con presupuestos de miseria y plazos imposibles, mandaban los textos a traductores que jamás habían tocado una consola. El resultado era un esperpento digno de Morte Sitiada: personajes de fantasía medieval hablando con jerga de manual de empresarial, objetos renombrados al capricho y frases que no resistían el más mínimo análisis sintáctico.
Los ejemplos legendarios circulan todavía por foros y grupos de Telegram como folclore nacional. Textos que mezclaban el tratamiento de 'tú' y 'usted' dentro de la misma conversación, instrucciones que se contradecían entre el manual y el juego, y errores de concordancia que harían llorar a cualquier profesor de instituto. Todo ello, eso sí, con la coletilla 'traducido al castellano' bien visible en la caja, como si fuera un argumento de venta.
El caso de los doblajes imposibles
Si la traducción escrita era arriesgada, el doblaje era la ruleta rusa. Con presupuesto para cuatro actores y un estudio que sonaba a baño azulejado, algunos juegos llegaron con voces que desafiaban toda lógica narrativa. El ejemplo más citado por los veteranos es el de ciertos títulos de acción de los 2000 cuyos doblajes cambiaban de acento a mitad de frase, o donde el mismo personaje era doblado por dos personas distintas según la escena.
Y luego está el fenómeno de los acentos regionales utilizados como 'color local'. Hubo juegos de ambientación medieval europea cuyos campesinos sonaban inequívocamente gallegos y cuyos villanos susurraban con seseo andaluz. No es que el acento gallego o andaluz sean un problema —sería absurdo sugerirlo—, sino la pereza de usarlos como atajo de 'carácter rústico' sin ningún tipo de criterio. Los profesionales del doblaje español, que son de los mejores del mundo, se avergonzaban de estos trabajos tanto como nosotros al escucharlos.
Hablamos con quien estuvo dentro
Un traductor del sector, que prefiere el anonimato por las heridas todavía abiertas, nos cuenta la mecánica del desastre: 'Te entregaban un Excel con dos mil cadenas de texto, sin contexto, sin saber qué personaje las decía ni en qué momento del juego. Y te pedían la traducción en una semana. Era imposible hacer algo decente'.
Ese contexto perdido explica la mitad de los errores. Traducir 'load game' sin saber si se refiere a cargar una partida o a cargar con un juego en los brazos era el pan de cada día. 'El problema nunca fue la falta de talento', insiste, 'sino la falta de respeto por el proceso. El talento aquí siempre ha sobrado'.
Del ridículo al orgullo
Lo interesante es el giro de las últimas dos décadas. España tiene hoy una de las industrias de localización más respetadas del mundo, con estudios que trabajan para las grandes editoras internacionales y actores de doblaje que son auténticas celebrities entre los jugadores. Títulos AAA llegan con doblajes impecables y hasta los juegos indie apuestan por textos cuidados.
Pero la memoria colectiva es larga, y los memes de las traducciones desastrosas siguen circulando con la misma nostalgia con la que se recuerda un mal viaje de fin de curso. Son cicatrices compartidas que nos unen como comunidad. De alguna manera, sufrir juntos aquellos textos imposibles nos hizo más gamers: aprendimos a reírnos de los errores, a valorar el buen trabajo y, de paso, a apuntarnos al inglés 'por si acaso'.
La próxima vez que escuches un doblaje impecable en un juego español, recuerda a aquellos valientes que tradujeron 'save' como 'salvar' y nos hicieron temer por la vida de un princesa que solo necesitaba ser guardada. Sin ellos, no sabríamos apreciar lo que tenemos.